O lugar que habitan as moscas no inverno

Mi cuerpo sin mí, torpe y caduco, lo mismo que un muñeco. Espantapájaros ridículo zarandeado por pisadas de alguno; quebradizo, al fin, ante miradas de transeúntes cabizbajos.

Mi cuerpo sin mí, aterido y sin sangre caliente, a punto de volverse en ceniza, maniatado al suelo, a la intemperie solar de esos días sin nadie.

Lo contemplo desde la superficie: cuerpo amado y malquerido a un tiempo, deseado y deseante, lo mismo que un crucifijo roto. Mi cuerpo maltrecho; a la deriva de sí, en un viaje sin retorno hacia ninguna parte.

Sueño que mi cuerpo ya no me pertenece; que mi cabeza es una bola de trapo.

Frágil y tierno como un niño, mi cuerpo. Castillito de arena olvidado en una playa negra. Estival como fruto maduro, recostado en el paladar de los peces del fondo.

Miro mis ojos huérfanos, miro mi boca y mis pies, con las botas puestas, apuntando hacia lejanos astros en el cielo.

Miro mi cuerpo dormido, yacente, sagrado y carnal a un tiempo, anegado en la sal y en la sed del agua. Semihundido, enterrado, escondido bajo tierra o en el fondo del mar.

Mi cuerpo de marinero inexperto. Mi cuerpo con escafandra o al sol tendido como tizón erecto. El dibujo de mi cuerpo por el agua, sobre la arena.

Mi cuerpo devorado por aves rapaces entrevistas en el cielo. Mi cuerpo partido en dos por una ventana entreabierta. Mi pene robado por manos de falsos sacerdotes.

Isidro Hernández*

*É poeta, canario e conservador do TEA (Tenerife Espacio de las Artes). Este texto foi parte de TEXTOSterona, unha publicación coordinada por Alexis W. que se pode adquirir na galería Mad is Mad, na librería Berkana e en BIBLI.

Esta web utiliza cookies. Podes ver a política de cookies. Se continúas navegando estás a aceptala!    VER